Sobre el trabajo antirracista y el desarrollo de consciencia racial

Documento dirigido a la Comisión de Desarrollo Cultural en ocasión de la Mesa de Diálogo sobre Cultura, Educación y Racismo el 30 de enero de 2014

Museo de las Américas en el Cuartel de Ballajá.Ponencia a Codecu

Sobre el trabajo antirracista y el desarrollo de consciencia racial

María Reinat-Pumarejo, Directora Colectivo Ilé

 

Agradecimientos y reconocimientos

Deseamos dar las gracias a la Comisión de Desarrollo Cultural y muy especialmente a la comisionada Jessica Aymeé Gaspar Concepción por su amable invitación a esta mesa de diálogo sobre cultura, educación y racismo en Puerto Rico. Reconocemos igualmente, el trabajo de todas las organizaciones no gubernamentales, que independientemente, o en alianzas, a través de nuestra historia reciente, han denunciado el racismo en Puerto Rico y han amadrinado procesos antirracistas. Entre ellas:

  • Hijos del Club de Mayagüezanos Negros
  • Concilio Puertorriqueño contra el Racismo
  • Unión de Mujeres Puertorriqueñas Negras, UMUPUEN
  • Colectivo Ilé
  • Grupo Puertorriqueño de Estudios de Raza e Identidad, UPR
  • Alianza Antirracista de Puerto Rico
  • Museo de la Mujer y el Hombre Negro de Puerto Rico
  • Corporación Piñones se Integra, COPI
  • Testimonios afroboricuas
  • Movimiento para una Educación Antirracista, MovEA
  • Comisión para propiciar la igualdad Racial en Puerto Rico, Colegio de Abogados y Abogadas
  • Mesa de Diálogo Martin Luther King, Jr.
  • Asociación de Estudiantes Afro-descendientes, Negros y Negras UPR

Descripción y objetivos de Colectivo Ilé

Colectivo Ilé, la organización que tengo a bien representar esta noche promueve cambios sistémicos, institucionales y culturales para erradicar el racismo y otras formas conexas de opresión como lo son el sexismo, clasismo, heterosexismo, colonialismo y militarismo.  Desde nuestra fundación en el 1992, hemos encaminado procesos orientados a:

  • fomentar una identidad racial saludable que fortalezca y afirme la autoimagen, auto concepto y autovaloración de los y las puertorriqueñas. Igualmente, hemos dedicado un sinnúmero de programas para
  • elevar el entendimiento colectivo sobre el racismo personal, institucional y cultural, y
  • fortalecer el movimiento antirracista en Puerto Rico creando redes funcionales y desarrollando entre ellas un lenguaje antirracista común, a su vez,
  • propiciar cambios estructurales en todas las instituciones puertorriqueñas para atajar y erradicar el racismo.

 

Desafíos en el trabajo antirracista

Entablar un simple diálogo sobre racismo, lo cual es indispensable si se le quiere erradicar, es laborioso en nuestra Isla dado cuanto se evade, se niega o se trivializa el tema. La simple mención de la palabra atemoriza, incomoda y en ocasiones hasta agravia a muchos y muchas, ocasionando patrones de respuestas que tienden a desestimular una conversación saludable sobre este. Cuando una persona de tez negra expresa vulnerabilidad al compartir una experiencia sobre racismo, podría escuchar como reacción las siguientes expresiones: “tienes un problema de complejos”, “es el único tema que tienes”, “tienes que dejar las excusas”, “supéralo”, “estás estancado”, “déjate de estupideces/niñerías/ ridiculeces” (u otras variantes vulgares), o peor, por traer el tema a consideración, le increparán con un “el racista eres tu”.

De igual forma, si la persona hace notar que en determinada agencia o institución hay una representación desproporcionada de personas blancas, y por ende falta de representación de personas visiblemente negras, es casi de rigor que se diga, de forma tajante: “todos somos negros en Puerto Rico”, “mi abuela era negra”, “y tu abuela a’onde está”. Estas frases intentan convencer, sin mucho éxito, debemos aclarar, a las personas negras, sobre lo irrazonable de su expectativa de representación.

Ninguno de estos patrones predecibles que hemos descrito, facilitan el entendimiento sobre el racismo. Más bien funcionan como tapujos que tienden a recrudecer el problema al actuar como “micro-agresiones” o micro-asaltos” raciales (Win Sue, 2010). Las microagresiones son prácticas y conductas de uso común, socialmente aceptadas y hasta en apariencia “inocentes”, que denotan hostilidad hacia las personas negras u otras racializadas como inferiores en cualquier esquema racial (ej., dominicanos y haitianos). Quizás la mejor manera de explicar su significado en el vernáculo cotidiano de nuestra Isla, es decir que son respuestas que ponen a la persona “en su lugar”, al recordarle, consciente o inconscientemente, su lugar de inferioridad dentro del esquema racial. Cuando por ejemplo, en respuesta a una persona que se arriesga a compartir su experiencia de racismo, se le dice que “tiene un problema de complejos” o que “se deje de nimiedades o ridiculeces”, se trivializa el impacto social de la experiencia y se reduce esta a ineptitud personal. Además, se desacredita su habilidad para discernir lo real de lo irreal y la persona puede llegar a creer, a fuerza de repetición social, que, en efecto, hay algo inadecuado sobre ella. Al poner a la persona negra “en su lugar”, dejar de ser un “negro o negra parejero” dirían otros, y ella aceptarlo, se valida la atribuida “inferioridad”, y se asegura que no vuelva a traer temas que incomodan, particularmente a los y los/as privilegiados por el racismo. Demás está decir que estas dinámicas raciales nos empobrecen y deshumanizan a todos y todas. Requieren un distanciamiento y falta de empatía del que se niega a escuchar, y pueden re-victimizar a la persona de tez negra, si no logra esta reconocer los patrones raciales que exigen su silencio.

Para encarar el racismo y que haya transformación genuina es necesario entender que en todas las sociedades se consumen narrativas raciales del uno u el otro, y que estas condicionan nuestras relaciones, e incluso informan decisiones que podamos tomar en distintos ámbitos de nuestras vidas. Negar nuestra socialización y pretender que no hemos sido parte de este proceso natural, imposibilita el crecimiento personal, aparte de mostrar enajenación de lo que es un problema mundial.   Evidencia de la temprana socialización y el efecto nocivo en los niños/as puertorriqueños/as fue documentada por investigadoras asociadas al Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey en el Proyecto Más allá de la autoestima: Hacia un acercamiento integral de una pedagogía anti-racista en escuelas elementales. Lograron estas captar un crítico nivel de violencia verbal y psicológica hacia los/as niños/as negros/as mediado por frases degradantes que hacían alusión a rasgos físicos, higiene e hipersexualidad, entre otras. De acuerdo a las madres y las maestras participantes de grupos focales, los insultos producían tal inestabilidad emocional (humillación, aislamiento, baja estima) en los niños/as negros/as, que incluso eran expulsados de la escuela, a veces por enfrentamientos físicos, o simplemente se marchaban de la Isla buscando otros horizontes más dignos (Franco Ortiz et al., 2009).

A pesar de todas las insuficiencias que podamos tener debido a nuestra socialización racial, nuestra experiencia de trabajo nos dice que en Puerto Rico hay interés y disposición para participar de procesos educativos y de desarrollo de consciencia antirracista. Sin embargo, en todos los ámbitos profesionales donde hemos incursionado, los participantes de nuestros procesos reconocen que el proceso de formación profesional no los/las ha capacitado para encarar estresores o situaciones raciales en el ámbito de trabajo. Las instituciones educativas, al igual que muchas otras, se han mantenido al margen de esta realidad, dejando a sus alumnos sin directrices sobre el tema.

Una exigencia de cualquier proceso antirracista, particularmente si ostentamos posiciones de poder, es entenderlo más allá de la experiencia personal. La experiencia humana, y la opinión personal que se deriva de ella, aunque es una importante referencia, no necesariamente nos cualifica para entender y erradicar el racismo. A la pregunta de qué es racismo, la cual hemos hecho por casi treinta años en procesos antirracistas formales, la mayor parte de las personas pueden contestar que son insultos y conductas en contra de las personas negras u otras racializadas como inferiores; es repudio, discriminación o acciones negativas hacia una persona negra. Rara vez se contempla en la contestación su naturaleza sistémica.   Se le ve como un problema entre personas. Si se le pregunta qué describa a un racista, la mayoría dirá que son personas ignorantes, pocos evolucionadas, que odian, discriminan y ostentan los valores más repudiables socialmente. Con esta definición, no mucha gente querrá seriamente reflexionar sobre su propia socialización racial; tajantemente negarán intimidad con el tema, y subestimarán en el esfuerzo, su impacto social. Pocas podrán y querrán explicar por qué bajo todos los estándares de bienestar, por ejemplo en educación, salud, vivienda, trabajo e ingreso, las personas negras o más oscuras de piel, como grupo social, se encuentran mundialmente en peores circunstancias. Definir el racismo y mirar el contexto histórico es una necesidad si queremos erradicarlo.

Contexto histórico

El racismo es un esquema y ordenamiento racial propio de la historia colonial, que presupone la superioridad del europeo invasor (racializado como blanco) en tres áreas esenciales: belleza, inteligencia y cultura. Basta con recordar nuestros orígenes para entender que el español, con ansias de poder, se impuso como modelo de humanidad al africano y al taíno, precisamente en estos tres renglones. Más aun, utilizando la fuerza bruta, comenzó a recabar riquezas y estatus social preponderante para sí mismo con exclusividad.   Una serie de decretos reales, directrices y complicidades de la antropología física y las instituciones religiosas, comenzaron a trazar las primeras líneas de un macabro esquema racial que usurparía tierras, bienes y cuerpos para beneficio del llamado blanco y que constituiría las bases para el incipiente capitalismo de las Américas. En el transcurso del dominio español en la Isla se desarrollarían instituciones que representarían sus intereses y el de sus descendientes. Velarían estas por asegurar su posición como modelo de humanidad (en cuanto a inteligencia, belleza y cultura), aun después que la esclavitud fuera abolida, y lealmente rendiría beneficios sociales, culturales y económicos (Montagu,1997; Sued Badillo, et al., 1986).

A este esquema se le sobrepondría el racismo estadounidense, el cual tiraría por la borda el colorismo criollo.[1] Utilizaría su escueto esquema para racializar a la Isla entera como “negra”.[2] Una serie de imposiciones de corte militar, político, social y cultural retarían hasta el presente nuestro sentido ontológico, lesionando nuestra capacidad soberana y asegurando el control de los EEUU.

Racismo Institucional

Elevar la discusión sobre racismo, y sacarlo de los planos ordinarios y subjetivos, requiere entender que el prejuicio a favor de los más blancos todavía existe en la fibra institucional —forjado y reforzado en el transcurso de más de 500 años de historia colonial.  Abolida la esclavitud, no hubo gran legislación o empuje a nivel estructural para que las instituciones representaran a todos y todas por igual. Se asumió, que tal y como funcionaban, podían representar y reproducir beneficios para las personas negras en su nuevo estatus legal —se abolió la esclavitud, pero no los prejuicios raciales. En otras instancias, no hubo omisión, sino que conscientemente se instituyeron prácticas agresivas de exclusión para preservar el estatus preponderante del blanco (ej. exclusión de clubes y asociaciones y otros espacios de promoción social). El racismo institucional, hoy día no es tan obvio. Para identificarlo, se necesita un crisol antirracista y mucha capacidad crítica.

Tome por ejemplo el currículo de enseñanza de Estudios Sociales. Sin bien es cierto que los libros utilizados para su enseñanza se actualizan regularmente, todavía hoy, no dejan de presentar al hombre español (correcta o incorrectamente racializado como “blanco”) en una luz más favorable, y a las personas negras como inferiores. El libro Somos Puerto Rico: El País, La Patria, utilizado formalmente hasta el 2010 como texto de Estudios Sociales en el tercer grado, presenta a los españoles como “muy ágiles de pensamiento, ambiciosos de poder y riquezas, diestros en las armas”.  En cambio, de nuestros ancestros negros dice que “a los esclavos les gustaba la música, el baile y la narración de historietas” (La Biblioteca, 2002: 123). Note, en el contraste, cómo se reduce ante los ojos de nuestros niños y niñas la imagen y genio de sus ancestros negros. En ningún momento se explica que la historia de nuestros ancestros negros no comenzó con la esclavitud —que no eran esclavos, sino africanos esclavizados—, que provenían no de un país llamado África, sino de un continente albergando 54 países y más de 2,000 lenguas; de sus grandes glorias y civilizaciones, de sus posiciones dignas como artistas, ingenieros, reyes y reinas entre otras (Godreau, et al, 2013). ¿Cómo entonces, puede un niño o niña negra generar un auto-concepto y valoración positiva, cuando el sistema de educación inclina a los maestros/as de Puerto Rico a presentar una historia tan distorsionada y sesgada a favor de los llamados blancos?

Hoy no estamos encadenados, y legalmente se asume igualdad, no obstante, el sistema educativo, en cuanto a la enseñanza de estudios sociales, continua promoviendo la idea de que el español (o el blanco) es más inteligente, más bello y más evolucionado culturalmente. Por ende, no nos sorprende que muchos y muchas continúen negando su negritud, cuando esta y otras instituciones continúan propagando ideas malsanas que lógicamente promueven nos distanciemos de nuestros orígenes africanos. Para corroborar este argumento, consideremos al 80% de personas que se distanciaron de su negritud, declarándose blancos sin ninguna otra mezcla, en el censo del 2000 (Reinat-Pumarejo, 2012). Por otro lado, el sistema educativo envía a los niños blancos, o más claros de tez, el mensaje inequívoco de su posición superior en relación a las personas negras. Tendrán estos, a base de una estimulante socialización, una visión más positiva del mundo, una expectativa de pertenencia en las instituciones, mayor seguridad al incursionar en ellas, y relativo acceso a estas (relativo al considerar el impacto de otras opresiones que actúan en alianza, ej., clasismo, sexismo, heterosexismo, diversidad funcional entre otras). Este es un claro ejemplo de racismo institucional que ocurre ante nuestros ojos, pero por el patrón social de contener el racismo (negarlo, trivializarlo o discutirlo), no es registrado por las personas.

De la misma manera que analizamos con lente antirracista el sistema educativo, es imperativo examinar otras instituciones o estructuras puertorriqueñas, el sistema legal, los medios de comunicación, el gobierno, sistema de salud, los partidos políticos, la banca y otras, para determinar qué, de su fibra institucional, continua desproporcionadamente reproduciendo privilegios y beneficios para los más blancos y peores circunstancias para las personas negras o de tez más oscura.[3] Para hacer una examinación de las instituciones, y expurgarlas de racismo, es necesario considerar los siguientes niveles de racismo institucional[4] y analizarlas críticamente por lo cual sometemos preguntas en cada renglón institucional:

  • Personal contratado – ¿Quién está representado/a?, ¿Dónde está ubicado/a en la escala de poder y salarios? ¿Qué tipo de entrenamiento recibe sobre el racismo y las relaciones raciales? ¿Está la organización o institución preparada para aceptar a trabajadores que hablen con honestidad, particularmente sobre desigualdad e inequidad? Cuando se contratan personas negras, ¿se transgrede su afro descendencia con requisitos especiales, como por ejemplo estirarse el pelo o que no lo lleve en dreads? ¿Qué tipo de sistema de agravios tienen los trabajadores a su disposición, y está este atemperado a situaciones raciales?
  • Política pública, procedimientos, prácticas y programas – ¿Qué cosa promueve y protege la política pública que establece una institución? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Cuáles son los resultados al implantarla? Sin importar intención, ¿uiénes se benefician o perjudican? ¿Produce resultados desproporcionados hacia un grupo u otro a pesar de aparentar ser neutrales? ¿Cómo asegura la institución resultados equitativos? ¿Cómo se documenta el impacto de los programas diseñados para ejecutar su misión? ¿Se utiliza la variable raza como parte de su evaluación?
  • Constituyentes – ¿Quiénes son los constituyentes de una organización o institución a base de raza?, ¿Quienes la acceden con más facilidad? ¿Cuál es la relación de poder que existe entre los constituyentes, el personal y los ejecutivos de una organización o institución? ¿Cómo se incluye o excluye a los grupos que la organización dice servir?
  • Estructura organizacional y cultura organizacional – ¿Qué criterios se utilizan en la toma de decisión? ¿Hay democracia y participación para todos? ¿Cómo son los sistemas de comunicación? ¿Qué valores y visión de mundo representa la estructura organizacional? ¿cuál es el origen de la cultura organizacional? ¿Qué mecanismos existen para la rendición de cuentas?
  • Misión, propósito e identidad – ¿Cómo los documentos que establecen la identidad de una organización o institución, aseguran y representan el interés de todos/as, considerando los privilegios históricos hacia unos grupos? ¿Está la misión, propósito e identidad de la organización en congruencia con metas antirracistas? ¿Acaso existen tales metas?

 

Una institución no debe satisfacer su impulso antirracista contratando a un puñado de personas negras por presión pública o requerimientos legales. Es importante asegurar que el ambiente de trabajo en el cual estas personas van a desenvolverse, es conducente al ejercicio de sus buenos haberes. Es igualmente importante asegurar que ascenderá justamente si cumple con las exigencias del sistema de promoción, que no habrán requisitos que trasgredan su identidad como afro descendiente, que podrá expresarse en cuanto a retos que pueda tener la institución y que no será penalizado por hablar sobre racismo institucional. Las organizaciones que consciente o inconscientemente, limitan el pleno desenvolvimiento de sus empleados negros se encuentran en una peligrosa etapa simbólica —donde se aparenta la inclusión justa de las personas negras, pero se evade la introspección seria, no se asignan recursos para esta y no existe la disposición para hacer cambios estructurales y culturales.

Cultura y racismo cultural

La cultura va más allá de aquellos aspectos obvios como son la vestimenta, la música, el baile, la comida y los artefactos representativos de un grupo. Funge, como un importante ordenador de la experiencia humana, le da a los grupos un sentido de identificación cultural colectiva, le da sentido de dirección a un grupo, crea parámetros y pone límites culturales al cambio, y finalmente, impacta el potencial político de un grupo (Ani, 1994). La cultura, en su forma natural, es salvación y resistencia a situaciones opresivas. Suprimida esta, se pierde el sentido de dirección y queda el colectivo a la merced del interés ajeno. De ahí, la importancia de espacios de diálogo e introspección sobre el racismo. ¿Cómo protegemos el interés de los puertorriqueños/as cuando nuestra cultura —nuestra tabla de salvación y brújula orientadora— se tira por la borda por motivaciones de corte partidista?

Para empezar, no podemos desentendernos de nuestra experiencia colonial y los patrones políticos de dominación que se establecieron con España y luego con los Estados Unidos. El racismo expresado por nuestros colonizadores concebían a nuestros ancestros taínos y africanos como menos civilizados e incapaces de regir sus propios destinos. Este dominio, logrado primeramente de forma militar, no sería total sin quebrantar su sentido de posibilidad, sus anhelos de libertad, y su espíritu colectivo. Las costumbres y formas de vida de nuestros ancestros fueron amenazadas y se impusieron, por coacción o convencimiento, los valores que le eran propios y utilitarios a los colonizadores de ambas naciones.

Aunque por generaciones, hemos ofrecido resistencia a la agresiva promoción asimilista, no hay duda de que la cultura estadounidense ha dejado su huella. Nuestro lenguaje, tradiciones, prioridades, sentido de progreso, sentido de tiempo, definición de bienestar, sistema de valores, y otros aspectos igualmente definitorios han sido influidos en la relación de sujeción con los EEUU.   Considere como ejemplo como el mercado estadounidense promueve para propósitos de consumo apetencias que no surgen orgánicamente de la Isla. El llamado “black friday” por ejemplo, ha cautivado a tal grado a una porción de nuestra sociedad, que muchos no ponen reparos a las abominables filas, a atropellar a quien se interponga en su camino hacia el resplandeciente plasma que está en especial, e incluso, a exponer a sus criaturas a este ambiente salvaje de manipulación consumista. En aras materiales, se doblega el espíritu, olvidando valores básicos de convivencia, dignidad y respeto hacia otros/as. Es un juego comercial perverso que recaba grandes beneficios económicos mientras el consumidor se expone a una experiencia cultural de degradación. El individualismo, la falta de empatía y el materialismo, en esta situación, se anteponen en una sociedad caracterizada por su espíritu gregario.  El fraccionamiento de la sociedad es una posible consecuencia, particularmente al considerar el impacto acumulativo de estas prácticas y políticas inhumanas.

En cuanto a la influencia cultural africana, muchos no harán distinción entre la cultura puertorriqueña y la cultura negra. Después de todo, resonamos sin inhibiciones al toque del tambor, podemos enloquecer por una alcapurria de jueyes, entendemos la influencia africana en nuestra música, y el más o el que menos, puede recitar una estrofa de Majestad Negra de Luis Palés Matos. Sin embargo, aunque debemos estar orgullosos de estas expresiones, y agradecer que sostienen nuestro espíritu, esta visión de la cultura de nuestros ancestros es limitada.

La idea de un continente africano salvaje, pobre y sin remisión, que poco puede ofrecer al mundo civilizado es esencial para perpetuar las relaciones de poder que surgen del racismo. Como contraparte, y pieza sustancial de control en el esquema racial, la cultura europea debe predominar y ser indisputablemente entendida como superior. Cuando hablamos de “los clásicos”, por ejemplo, normalmente nos referimos a los clásicos europeos. Quien quiera mostrar signos de sofisticación cultural en nuestro mundo colonial, debe conocer la música clásica, gustarle el ballet o quizás hasta hablar francés. Sin embargo, todas las culturas tienen periodos ilustrados o clásicos, pero por efecto del racismo cultural, se privilegia la cultura europea y la estadounidense, como derivado y hechura histórica, negándole a otras su lugar y potencial. El eurocentrismo, internalizado (creído y alojado en la psiquis), puede rendirnos impotentes para los procesos auto-determinativos que son naturales a cualquier ser humano y su colectivo. Puede tirarnos a un abismo ontológico, al distanciarnos de los valores que son legados naturales y legítimos de nuestro colectivo. Por esta visión de mundo racializada, funcional al mantenimiento del esquema racial, no hemos explorado a cabalidad el legado cultural de nuestros ancestros negros. Debemos resaltar que nuestros ancestros africanos nos legaron saberes, valores, sentido ético, moral, lógica, sentido ontológico, estética, metafísica; y entendimiento del mundo físico, natural y el cosmos. Estos saberes culturales tienen el potencial de re-orientar y sanear nuestra psiquis subordinada y re-integrar nuestra identidad colectiva para participar, digna y libremente, de cualquier escenario político.

Conclusión

Desde el 1992, con la fundación de Colectivo Ilé, hemos afirmado que nuestra sociedad puede y debe ser transformada. El desarrollo de consciencia sobre las dinámicas raciales es ineludible para alcanzar el desarrollo pleno. Hemos hecho nuestra la magia del adagio etíope que dice cuando las telarañas se juntan pueden atar un león. Nos inspira a mantener la mirilla en el fortalecimiento de esfuerzos colectivos. El ímpetu de este movimiento surge de la base y debe extenderse a las esferas de gobierno. Todas sus ramas y dependencias necesitan ser participes de procesos educativos sobre el racismo, sus manifestaciones y el racismo internalizado. Solo así se podrá entender el grado de severidad del racismo, y solo entonces podrán, los representes gubernamentales, asumir la responsabilidad que les corresponde. Recomendamos, que desde cada ámbito y esfera de poder hagamos los esfuerzos necesarios para:

  • promover la investigación sobre el racismo para sopesar sus efectos y medir la calidad de vida y bienestar de los y las afro descendientes;
  • documentar científicamente las inequidades reproducidas por el racismo;
  • implantar política pública para lidiar con el racismo institucional en todos sus niveles;
  • establecer estructuras de trabajo, con recursos y autoridad, para analizar el impacto social, político, económico y cultural del racismo y buscar soluciones para erradicarlo;
  • poner en práctica medidas restaurativas para lidiar con el impacto histórico e inter-generacional del racismo;
  • establecer sistemas de pesos y contrapesos comunitarios para evaluar críticamente el progreso de las nuevas políticas antirracistas;
  • asignar fondos y crear estructuras gubernamentales para estimular proyectos culturales comunitarios de afirmación de la afro descendencia.


 

Referencias:

Ani, Marimba (1994). Yurugu: An African-centered Critique of European Cultural Thought and Behavior. New Jersey: Africa World Press.

Franco Ortiz, Mariluz, Reinat Pumarejo, María, Lloréns, Hilda y Godreau, Isar P. (2009). “Violencia racista hacia niños y niñas en la escuela y propuesta hacia la transformación de su autoestigma”. Identidades: Revista Interdisciplinaria de estudios de género, 7:35-55. Cayey: Universidad de Puerto Rico.

Godreau, Isar, Franco Ortiz, Llorens, Hilda, Reinat Pumarejo, María, Canabal Torres, Inés, Gaspar Concepción, Jessica. (2013). Arrancando mitos de Raíz: Guía para una enseñanza antirracista de la herencia africana en Puerto Rico. San Juan: Editora Educación Emergente.

La Biblioteca. (2020). Somos Puerto Rico: el país, la patria. Serie Somos. San Juan, Puerto Rico: Editorial La Biblioteca.

Montagu, Ashley (1997). Man’s Most Dangerous Myth: The Fallacy of Race. Walnut Creek, CA: AltaMira Press.

Reinat Pumarejo María. (2012) “Fatal Conquest: Racial Imposition in Puerto Rico”. Women Warriors of the Afro-Latina Diaspora, Moreno Vega, Marta, Alba, Modestín, eds. Texas: Arte Público Press.

Rivera Ortíz, Marcos A. (2001). Justicia negra: Casos y cosas: Hato Rey, PR: Ediciones Situm.

Sued Badillo, Jalil y López Cantos, Ángel (1986). Puerto Rico negro. Río Piedras, Puerto Rico: Editorial Cultural.

The New York Times (1899). (PUERTO RICANS PROTES)T; Object to Their Treatment by the United States Government. DEMAND JUSTICE, NOT FAVORS Burdened by a Tariff More Obnoxious Than Under Spain and Treated as Inferiors and Dependents. New York: The New York Times. Disponible en: http://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=F20F10F63E541B728DDDA80A94DE405B8985F0D3

Wing Sue, Derald (2009). Microaggressions in Everyday Life: Race, Gender, and Sexual Orientation. New Jersey: John Willey and Sons, Inc.

 

[1] Colorismo — Dentro del esquema racial es asignarle más valor al que esté más cerca del blanco en pigmentación y/o características físicas y menos valor al más alejado; mientras más clara la tez de la persona y/o más cercano al fenotipo asignado al europeo blanco, más privilegio y acceso al poder tendrá.

[2] En su esquema no hay sutilezas, gradaciones, ni significados discretos. Vea caricatura de la época en http://en.wikipedia.org/wiki/File:School_Begins_(Puck_Magazine_1-25-1899,_cropped).jpg

[3] En cuanto a un análisis sobre el racismo institucional en el sistema legal recomendamos el libro Justicia negra: Casos y cosas del Lcdo. Marcos A. Rivera Ortiz.

[4] Hoja de trabajo iniciada por Bailey Jackson y adaptada por Joe Barndt.