El querer queriendo del racismo lingüístico

que tu lenguaje no discrimine

El querer queriendo del racismo lingüístico
María I. Reinat Pumarejo

El racismo lingüístico es una parte indiscutible de nuestro legado racial. Perduran en nuestro lenguaje palabras, frases y expresiones cuyo significado dan sustancia y vigor a nuestro esquema racial. Lo negro se internaliza como lo perverso, signo de oprobio y mendicidad, oscuridad temible y estigma que deshonra. En cambio lo blanco es sublime e inmaculado, angelical y elevado. Si se de-nigra se agravia, se insulta, se calumnia, se ofende, se difama, se desprestigia, se mancha, se humilla. En cambio blanquizados/as nos elevamos, nos engrandecemos racialmente así como engrandecido es “el negro que tenía alma blanca” o la mentirilla blanca que deja de ser mentira insidiosa para ser puramente inocente. Perpetuar la supremacía blanca con nuestro lenguaje sin consciencia es enterrar nuestra humanidad pues quien en su sano juicio puede decirle a una chiquilla de ébano que la maldad es negra (aunque lo diga el maestro Rafael Hernández en su celebrada “Preciosa”) y que a propósito, se parece a ella. Reciclar el lenguaje racista no es extraño si no se ha tenido un enfrentamiento con la socialización racial. La falta de intención que aducimos algunos/as, al ser cuestionados/as, no reduce el dolor que causa la repetición “inocente” del lenguaje racista. Ofendemos inconscientemente, pero ofendemos igual. Reciclamos racismo inocentemente, pero lo reciclamos igual. Somos, sin querer queriendo, participes del mundo racializado y de los patrones que transgreden nuestra humanidad.

Las palabras no se las lleva el viento. Muchas quedan e informan nuestra identidad. Algunas latigan sobre muchos latigazos del pasado y tienden, dentro del esquema racial, a querer recordarnos el lugar de inferioridad que dispusieron para nuestros ancestros/as negros/as, y que ahora se pretende sea legado de las personas visiblemente negras. Aquí algunos activos del racismo lingüístico que necesitamos cuestionar: negra maldad, alma negra (versus alma blanca), la tengo negra (la suerte negra), magia negra (versus blanca), “echar mano blanca” (la de la buena suerte), lista negra, la oveja negra de la familia, las aguas negras (por aguas sucias), mercado negro (por ilegal), intención negra (por mala intención), poesía negroide (por poesía negrista), denigrar (por calumniar, desacreditar, injuriar, infamar, ultrajar, desprestigiar, vilipendiar), negro destino (por un mal destino), negrito (diminutivo para referirse a hombres hechos y derechos), el negro o la negra (como sustantivo, versus el hombre negro o la mujer negra), trigueño (como eufemismo pues algunos/as piensan que es un insulto usar la palabra negra como descriptivo racial). Existen en nuestra cotidianidad cantidades de palabras funcionales al esquema racista y salen de nuestros labios más frecuentemente de lo que imaginamos. Concebir nuestra socializacion racial dentro del esquema racial no nos quita integridad. Al contrario, nos hace extraordinarias y saludables al distinguirnos de las personas que se presumen perfectas y no admiten, por consiguiente, margen de cambio. Urge un poquito de humildad para sacarnos del estancamiento que nos hunde irremediablemente a todos/as.

Como Humty Dumpty en Alicia en el país de las maravillas:  Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos. –La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.–La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda…, eso es todo.  Y recordemos que Humpty Dumpty era un huevo antropomórfico blanco (de Inglaterra ni más ni menos), queriendo una defensa que nunca llegó.  Se esplayó como la tortilla que siempre fue.