Mono, bonito o racismo institucional

Por María I. Reinat-Pumarejo, Co-Directora, Colectivo Ilé
6 de septiembre de 2012

Es bien difícil de acuerdo al contexto en que se habla confundir “monito” con “bonito”. ¿A quién creerle? ¿Le creemos a Lorna Soto o a la profesora y periodista Ada Álvarez, quien escuchó la palabra “monito” como unas seis veces? A saber… lo único a ciencia cierta que se sabe es que Lorna es hija del épico “chupacabras hunter” puertorriqueño, y nada gente… que su amigo Coquito, su hermano Chemito y su choferito se narco desgraciaron con los federales. En serio, se pregunta uno ¿Por qué el brote racista de las chicas del PNP? ¿Qué absorben ellas que les saca el racismo tan explayadamente? ¿qué les hace ser tan políticamente torpes y suicidas? Si esto fue en público, ¿se imaginan lo que pueden decir a puerta cerrada? ¿Por qué no ha habido una respuesta oficial del partido? ¿Es que la relación simbiótica entre los papagayos racistas (los individuos con hipo racial) y la organización les comió la lengua oficial?

Que conste que las declaraciones oficiales en contra del racismo deben salir de todos los organismos y partidos políticos. Y que conste también que duele más, cuando no escuchamos esas declaraciones oficiales de los nuestros/as. Particularmente cuando se niegan a abordar el tema con respeto, lo trivializan o lo reducen; cuando no le dan el espacio y asumen que el problema lo tienen otros. Ser amantes críticos/as de nuestras organismos sólo nos fortalece. La experiencia dice que hablar sobre el racismo no es fácil cuando no se tiene la práctica ni un lenguaje antirracista fluido. Se necesita disposición y vulnerabilidad para pasar de la etapa de negación a las etapas de coraje compartido y acción afirmativa.

Cada organización necesita desarrollar procesos internos (y ser pacientes) para desarrollar los mejores lentes antirracistas. La buena voluntad no basta. Si cogiéramos a todas las Cucusas, y las Wys y las Lornas del mundo y las expulsáramos del planeta, todavía habría racismo en nuestra Isla. Vive en la fibra institucional acumulado del racismo criollo y con la sobre imposición del racismo estadounidense que se filtra de su política pública. No es un problema individual solamente. A corto plazo, cada organismo o partido necesita un protocolo antirracista que le oriente sobre cuáles son los pasos a tomar para responder a situaciones como esta. Pero más allá de eso, necesitamos expurgarlo de la estructura organizacional (personal, programas, procedimientos, normas explícitas e implícitas) que reproduce el racismo y que continúa recabando beneficios desproporcionados para los más blancos de nuestro país (y de sus amigos del norte) a cuenta de la imagen y el bienestar de las personas de tez más oscura y las más evidentemente negras de nuestro país.