Reflexión sobre el sismo en Puerto Rico

por Frances Negrón Ramos

El domingo 16 de mayo, a eso de las 1:18 a.m., sentí un temblor. Yo estaba en la puerta del cuarto de mis padres y le dije esta temblando; inmediatamente comencé a recibir mensajes de texto y llamadas para confirmar si habíamos sentido algo. Mi hermano, que estaba en las afueras de la casa hablando por celular, entro rápidamente, azorado, a la casa y dijo, “Oye la tierra esta temblando.” Rápido, cogí la computadora para obtener información ya que ningún canal tenía noticias a esa hora. Nos enteramos a través del internet que el sismo fue de 5.4 en la escala Richter. Esto fue todo un acontecimiento en la red Facebook, pues me cuenta mi hermana, que las conversaciones cambiaron, todos hablaban del sismo. Los mensajes de texto en el canal de videos se transformaron. Ya nadie buscaba amistad, ni pareja; los mensajes hablaban del temblor, si se movió la tierra. Aparentemente el epicentro fue en el pueblo de Moca.

En la mañana teníamos más información de lo ocurrido y mientras pasaba el día del domingo, comencé a reflexionar sobre los sismos que están ocurriendo. Y no me refiero a que la tierra se mueva, sino los sismos que ocurren en nuestras familias y en Puerto Rico.

Nuestros niños tiemblan ante el maltrato; nuestros jóvenes los consume el alcohol, la droga y los asesinatos; nuestros viejos los derrumba la soledad y la falta de amor; nuestras iglesias sucumben ante la apatía; nuestros vecindarios se desploman ante el silencio y el aislamiento. No tenemos vecinos, cada cual vive en su pedazo, con verjas, con candados y alarmas, y ni tan siquiera sabemos lo que pasa a nuestro lado.

Sismo, temblor, terremoto es lo que pasa cuando un gobierno desmantela nuestras instituciones para venderlas al mejor postor en el mercado. Terremoto es lo que siente un padre o madre de familia cuando llega la carta de despido. Sismo fue lo que sintieron miles de trabajadores cuando se aprobó la Ley #7 de emergencia fiscal.

Temblor es lo que siento cuando veo a la fuerza policiaca frente a los portones de la Universidad, sin permitir que se les lleve alimento a quienes defienden una educación universitaria para todos, a los que defienden el libre ejercicio de la democracia y el derecho de protesta ante la injusticia. Terremoto es lo que siento al ver legisladores sirviéndole a los grandes intereses, sin velar por bienestar del pueblo puertorriqueño.

A mí no me preocupan los sismos, los temblores o los terremotos. A mí lo que me preocupa es el sismo del neoliberalismo imperante, el temblor de la violencia que impactan mi país y el terremoto causado por diversas administraciones de gobierno que han vendido a Puerto Rico pedazo a pedazo. Temblor es lo que siento cuando no se protegen los pocos recursos naturales que nos quedan y quieren vender nuestras playas, manglares y bosques a desarrolladores que solo piensan en el “Money” que sacaran y no piensan en el bienestar de las comunidades.

Que tiemble la tierra no me preocupa. El terremoto en Puerto Rico empezó hace mucho y, poco a poco, nos vamos derrumbando. El sistema de educación colapsa, el sistema de salud se deteriora y el bienestar de las comunidades y del pueblo, ¿a quién le importa?